jueves, 22 de mayo de 2025

Ojos Rojos

Carlos cuido de no golpear la puerta de la cabaña cuando salió, los clientes del bar no eran muy tolerantes con esas cosas, y aunque su suerte estaba en duda, tenía la idea de volver ahí. No quería que lo molestaran con eso, aunque si volvía con lo que esperaba, seguro nadie recordará que hubiera golpeado la puerta. -Mmm, -pensó: - mejor no volver por ahí si traía botín. mejor ir directo al pueblo, esquivar ese bar de porquería en el medio de la nada lleno de hombres poco confiables. Que se enteraran por los infos. Se paro a mirar las montañas, parecían muy cercanas pero era un engaño, a pesar de que los picos nevados y sus laderas salpicadas de araucarias se veían cerca, tendría que caminar tres días para alcanzarla. Con suerte no tendría que ir tan lejos, el Rubio le había contado de el valle donde se reunían los pájaros. pájaros no. - me dijo el Rubio- Son aves, pero no pájaros. los teros son aves, aves muy peligrosas. Así que ahí iba, aunque posiblemente no volviera. Esos pájaros -no, aves- eran muy muy peligrosos, por eso pagaban tanto por ellos. Nunca vio a alguien que pudiera traer uno, pero si vio traer muertos a los que salieron a cazarlos. Muertos de ojos abiertos vacíos y con muecas horribles. seguro no fue nada agradable el trámite. Tenía mucho miedo, no podía negarlo, quizás tendría más si no hubiera tomado bastante antes de salir, todos sabían a qué iba, así que todos pagaron alguna copita. Tomó aire y empezó la caminata, unas cuatro horas le llevaría llegar al comienzo del valle. y después otras cuatro para bajar a lo más profundo, donde según el Rubio había una zona casi plana rodeada de piedras, y ahí según él, se reunían los teros para quien sabe que. Nada bueno, según lo que sabia... Por algo la Nueva Santa Inquisición Germana había anatemizado a los teros hace años. El camino subía entre araucarias y rocas y era bastante empinado al principio. Carlos caminó mientras revisaba su rifle nuevo, lo había comprado hace un par de meses en Anhuco. Era usado, pero muy bueno. El viejo que se lo vendió dijo que había cazado un tero con él. Se vestía como un mendigo de los que había muchos en la ciudad así que lo miro con desconfianza, si hubiera cazado uno, estaria viviendo mejor. Seguro que su cara reflejó eso, porque el viejo agrego: -si, aunque no creas, cace uno hace tiempo, hice todo bien, me acerque sin abrir los ojos, lo busque a tientas y lo metí en la caja, y volví para el pueblo, pero en el camino me tope con unos hombres que iban a lo mismo, al mismo lugar. Claro que pensaron que sería más fácil llevarse mi tero que arriesgarse a cazar uno. Me pegaron mucho y me dejaron tirado ahí. Apenas pude volver a la ciudad. Y el rifle? pregunto Carlos con una sonrisa desconfiada. - no se llevaron el rifle? - - Ni pensaron en el rifle. -dijo el viejo con una mueca irónica. - imaginate, tenían un tero sin arriesgar la vida, una fortuna para los tres que eran- Era un buen rifle para cazar teros, de cañón largo que lo haría muy preciso para tirar de lejos, la mira estaba perfecta, alemana de verdad, no copia Argentina, con eso podía ver y tirar desde muy lejos, por lo menos desde una distancia segura, lejos del efecto de los ojos de la presa. Por lo menos eso dice el manual, pero la verdad es que no hay certezas de cuál es el alcance de la maldad de esos teros. El viejo lo compró nuevo, y cumplió con todos los requisitos legales y de la Iglesia. Tenía sus papeles en orden, muy cuidados, su permiso, su registro en la policía y más importante, su bautismo de nombre. Helmudth lll le había puesto, en honor al segundo papa alemán. El registro decía que había sido bautizado y bendecido ahí mismo, en Anhuco por la iglesia local. Por supuesto que el viejo no iría a la santa sede en Buenos Aires a que el Papa le diera su bendición! Revisó por cuarta vez que en el depósito estuvieran las dos balas, que el cañon estuviera libre de tierra y que la bateria de la mira tuviera carga completa. No porque no supiera que todo estaba correcto, sino por pensar en otra cosa que no fuera lo que podia esperarle en el valle, o antes, nunca se sabía cuando podían aparecer. Volvió su mente a la rutina del camino. apenas se oía nada que no fuera el viento entre los árboles y el ruido de sus pasos en las piedritas del sendero. Se oía algún pájaro muy de vez en cuando. Eso era normal, se decía que antes del despertar de los teros había muchos pájaros y aves en todos lados, sobre todo en los bosques. Carlos lo dudaba, no creía que hacía cien años fuera distinto a ahora. No se sabía que los teros comieran pájaros. se decía que comían insectos, caracoles, semillas y esas cosas, pero nadie sabía en realidad, solo lo que los libros antiguos decían. pero fueron escritos antes del despertar. Después de eso poco se sabía de las costumbres de los bichos esos. caso nadie los había visto y había sobrevivido para dar testimonio. A Carlos no le importaba que comían, solo le importaba la recompensa que ofrecían por cada uno. con eso podría comprarse una casa linda y vivir bien por bastante tiempo, y ni hablar de la fama que tendría. hacía años que nadie cazaba un tero. Ya no quedaban muchos así que sería famoso. La cara de su hermana le vino a la mente sin aviso junto con una puntada en el pecho de vergüenza… La ultima vez que la había visto ésta se vendía por comida en el pueblo, no es que fueran muy cercanos pero se sentía culpable de no pensar en ella. Si lograba algo de esa expedición a lo mejor calmaba ese sentimiento ayudándola, si podía encontrarla… o si estaba viva aún. Estos pensamientos aliviaron un poco la ansiedad y el miedo que sentía, pero no lograron alejar a los pájaros y sus consecuencias, buenas o malas. Ni la vergüenza ni el hermoso paisaje podían lograr eso. Siguió su camino entre rocas y árboles, atento a cada vuelta, a cada posible escondite. No era fácil encontrarlos. Desde que el santo Padre las maldijo por su despertar y dieran recompensas millonarias por ellos, habían ido desapareciendo del continente. Solo quedaban unos pocos lugares donde se sabía que quedaban colonias, y no precisamente porque fueran vistos, sino por los hombres muertos que dejaban sus encuentros. Esa región de los Andes era una. Habían encontrado varios muertos en el último año, así que no debían estar lejos. El Rubio dijo haberlos visto en el valle y eso quizá fuera mentira, pero habían aparecido cadáveres cerca… Confiaba en él, eran casi amigos pero el dinero hacia cosas malas en gente buena. Así que seguramente habría alguna persona siguiendo sus pasos esperando que el tuviera suerte y así poder robarle. No haría el mismo camino de vuelta, eso seguro. Pero si volvia y se encontraba con alguien, no dudaría. Lo mataría. El sol casi se ocultaba sobre la montaña, un hermoso espectáculo y Mario se dio un respiro en la carrera para dase vuelta a verlo. Casi había llegado a la entrada del valle, ahora solo le quedaba bajar y estar más alerta que nunca. Bajo entre piedras pues no había camino marcado para el fondo. Al principio de la bajada ralearon los árboles, pero de a poco empezaron a aparecer de nuevo, y en abundancia. Al dar vuelta a una gran piedra vio el reflejo de un lago en el fondo. Un lago pequeño, pero que hacía de espejo y copiaba las montañas de sus lados, aún a la poca luz de la tarde. Ya casi caía la noche y se veía muy poco así que bajo sus lentes nocturnos para no tropezar y quebrarse una pierna. Bajo un rato mas a la luz amarilla de los lentes hasta llegar a una zona intermedia entre ladera rocosa y valle arbolado más plano. Ahí se detuvo. Podía ver bastante lejos desde ese lugar, así que saco la funda del lente del rifle e inspeccionó la zona antes de seguir. No logro ver nada que se moviera, salvo las ramas de los árboles. Decidió seguir otro poco, buscando cobijo en piedras o troncos para no quedar expuesto. Siguió una media hora mas de esa manera, La noche ya había caído con todo el peso de la oscuridad. La combinación de sus lentes y la mira hacían que el paisaje fuera espectral, aumentado y amarillo, antinatural. Encontró un lugar escondido entre un tronco caído y una piedra lisa y grande y ahí se quedo a descansar. Tomo aliento y un trago de agua. Busco un poco de queso en la mochila y lo comió despacio. Descansó unos minutos mientras revisaba otra vez el rifle y se asomó por un hueco que se formaba entre tronco y piedra, cortando su silueta. Puso la mira al máximo y barrio con ella el terreno que tenía delante. Al principio no vio nada que se moviera, pero era de esperar que los teros estuvieran durmiendo, si acaso hacían eso. Así que volvió a barrer esta vez buscando siluetas familiares. La luz no ayudaba a distinguir mucho, para peor el color de los bichos era igual casi al de las piedras y para peor todo teñido de amarillo… A la mitad del arco vió algo… La silueta de algo similar a lo visto en los libros… un pájaro de patas largas y finas, del tamaño de una paloma… y a su lado otro, y otro… muchos… demasiados para su tranquilidad. Quedó paralizado un momento, el miedo hizo que abrazara su arma y se quedara oculto, sudando y tieso. Pero ese era el momento que estaba buscando! Ahí los tenía, no uno sino varios. Y eso era un problema, un problema grande! Solo tenia dos balas en el cañón, si acaso podía matar dos, con muchísima suerte… Y después? 4 segundos para cargar de nuevo, en los cuales no podía saber que pasaría. Los que quedaran podían escapar, o quizás se quedaran a eliminar la amenaza…Un dilema. Pero ahí estaba, con su rifle, su oportunidad y su miedo. No cabía la vuelta atrás. Trago saliva, si fuera creyente de verdad habría dicho una plegaria pues estaba haciendo el trabajo de la iglesia pero no le pareció oportuno ser hipócrita. Podía ser contraproducente. Así que empuñó el arma correctamente para tirar de inmediato, Respiró hondo y se asomó despacio una vez más. Las presas estaban a unos cien metros, acercó su ojo a la mira. Alcanzó a ver el destello rojo de un pequeño ojo a lo lejos, gigante en la mira. Parpadeó y cuando abrió los ojos estaba a menos de 20 metros. No supo que había pasado, no tuvo conciencia de haber caminado, solo de mirar y de repente estar cerca, demasiado cerca. Agarró el arma pero solo cerro sus manos sobre el vacío… no había rifle… Estaba arrodillado frente a varios teros que lo miraban con ojos brillantes, con la cabeza de lado, moviéndose para verlo con uno u otro ojo… Ya no había la luz amarilla de la mira, pero igual los veía claramente como si fuera de día. O quizás ya hubiera pasado la noche… no importaba, la escena se achico rapidísimo…y lo siguiente solo fue una negra explosión en su mente. Ya nada quedaba mientras caía hacia adelante y su cara se estrellaba conta la piedra…. Un par de segundos de silencio, como si hubiera respeto por la muerte…Pero enseguida el aire se lleno de graznidos festejando otra presa. Después solo quedo el eco entre las montañas.

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